El dolor de espalda se ha convertido en una de las molestias más frecuentes entre quienes desarrollan su jornada laboral en entornos de oficina. En espacios como la Torre Iberdrola o en centros administrativos de Bilbao, donde predomina el trabajo sedentario, la combinación de largas horas frente al ordenador, escaso movimiento y una ergonomía deficiente está provocando un incremento notable de los problemas musculoesqueléticos, especialmente en la zona lumbar y cervical.
Las condiciones actuales de trabajo, marcadas por la digitalización y el uso intensivo de dispositivos tecnológicos, han modificado la manera en la que nos movemos y cómo interactuamos con nuestro entorno. La Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el
Trabajo (EU-OSHA) advierte sobre los desafíos que esto implica y la necesidad urgente de adaptaciones ergonómicas para prevenir lesiones. Puedes consultar su campaña más reciente sobre entornos laborales digitales aquí.
La espalda en la oficina: por qué duele
Trabajar sentado durante ocho horas o más tiene un impacto directo sobre la columna vertebral. Aunque pueda parecer una postura inofensiva, mantenerla durante tiempos prolongados, sin movimiento o con una configuración inadecuada del mobiliario, puede generar una sobrecarga continua en las estructuras musculares y articulares.
La falta de apoyo lumbar, el uso de sillas sin ajustes ergonómicos o la colocación incorrecta del monitor suelen provocar una progresiva pérdida de la curvatura natural de la espalda, lo que a su vez genera tensiones en la musculatura paravertebral. El cuello también se ve afectado, especialmente cuando el monitor está demasiado bajo o el trabajador se inclina hacia adelante de forma constante.
Estas tensiones acumuladas pueden derivar en contracturas, sobrecargas, dolores persistentes y, en algunos casos, en lumbalgias o cervicalgias que afectan a la productividad y al bienestar general.
Ergonomía básica en el puesto de trabajo: aspectos clave
Una correcta organización del espacio de trabajo puede prevenir buena parte de estas dolencias. No se trata necesariamente de realizar grandes inversiones, sino de adoptar algunos principios fundamentales que respeten la alineación corporal y reduzcan las tensiones innecesarias.
El monitor debe colocarse a la altura de los ojos, evitando que el cuello esté inclinado hacia adelante o hacia abajo. Es importante que la pantalla esté centrada respecto al cuerpo, para evitar rotaciones repetidas del cuello. La silla debe tener respaldo con soporte lumbar, ser regulable en altura y permitir que los pies descansen completamente en el suelo. Si esto no es posible, se recomienda usar un reposapiés. Los codos deben estar apoyados y formar un ángulo aproximado de 90 grados al escribir o utilizar el ratón, evitando levantar los hombros de forma constante.
Estas pequeñas modificaciones, bien implementadas, reducen significativamente la tensión muscular acumulada durante la jornada.
Movimiento y pausas activas: la otra mitad de la solución
La ergonomía estructural es solo una parte del cuidado corporal en el trabajo. El otro elemento fundamental es el movimiento. Permanecer inmóvil durante horas afecta no solo a la musculatura, sino también a la circulación, a la capacidad de concentración y al equilibrio postural. Por eso se recomienda interrumpir los periodos prolongados de sedestación con pausas activas breves.
No se necesitan rutinas complejas. Levantarse y caminar unos pasos, estirar suavemente el cuello y los hombros o movilizar la pelvis durante dos o tres minutos cada hora puede ser suficiente para aliviar tensiones. También resulta útil realizar algunas inclinaciones laterales del tronco, rotaciones de cabeza o estiramientos de la zona lumbar, especialmente si se percibe rigidez o fatiga muscular.
Estas pausas no solo benefician al cuerpo, sino que también mejoran el rendimiento cognitivo, facilitando una mejor gestión de la carga mental durante el día.
Fisioterapia como herramienta de prevención y tratamiento
En los casos en los que ya existe dolor o molestias recurrentes, la fisioterapia permite abordar tanto el síntoma como la causa. A través de una valoración individualizada, es posible identificar desequilibrios musculares, restricciones de movilidad, puntos gatillo o compensaciones posturales que están generando el problema.
El tratamiento puede incluir técnicas manuales, ejercicios de reeducación postural, fortalecimiento del core, movilización articular y entrenamiento específico para mejorar la tolerancia al trabajo sedentario. Además, la educación postural es una parte esencial del proceso, ya que muchas personas no son conscientes de los errores que cometen de forma habitual al sentarse, al mirar la pantalla o al interactuar con el teclado.
En este sentido, centros especializados como Fisioclinics Bilbao integran el tratamiento activo con la orientación preventiva, con el fin de evitar recaídas y fomentar hábitos saludables dentro y fuera del entorno laboral.
¿Cuándo consultar con un profesional?
El dolor de espalda asociado al trabajo de oficina no debe normalizarse. Aunque muchas molestias pueden mejorar con pausas y ajustes ergonómicos, hay situaciones en las que conviene consultar con un fisioterapeuta:
- Cuando el dolor se mantiene durante más de una semana sin mejora
- Si las molestias interrumpen el descanso nocturno
- En caso de dolor irradiado hacia brazos o piernas
- Si aparece sensación de hormigueo o debilidad
Ante la repetición constante del mismo tipo de dolor al final de cada jornada
Detectar y tratar a tiempo estos síntomas es fundamental para evitar la cronificación del problema y sus consecuencias funcionales.
Conclusión
El entorno laboral moderno, marcado por la tecnología y la digitalización, ha transformado nuestra forma de trabajar, pero también ha planteado nuevos retos para la salud musculoesquelética. El dolor de espalda tras una jornada en oficinas como las de la Torre Iberdrola no debe considerarse inevitable, sino como una señal de que el cuerpo necesita atención, movimiento y un entorno mejor adaptado.
Aplicar principios de ergonomía, introducir pausas activas y recurrir a la fisioterapia cuando sea necesario son estrategias efectivas para prevenir y tratar estas dolencias. Cuidar la espalda en el trabajo no solo mejora el bienestar diario, sino que también reduce el absentismo, mejora la productividad y promueve una relación más saludable con nuestro cuerpo en el día a día laboral.
Un entorno de trabajo saludable empieza por entender cómo se mueve —y cómo se cuida— el cuerpo que lo habita.












































